Marcos 15, Libro 41

E inmediatamente al rayar el alba los sacerdotes principales tuvieron consulta con los ancianos y los escribas, aun todo el Sanedrín, y ataron a Jesús y se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. 2 De modo que Pilato le hizo la pregunta: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. En respuesta, él le dijo: “Tú mismo [lo] dices”. 3 Pero los sacerdotes principales procedieron a acusarlo de muchas cosas. 4 Entonces Pilato se puso a interrogarlo de nuevo, diciendo: “¿No respondes nada? ¡Mira cuántas acusaciones hacen contra ti!”. 5 Pero Jesús ya no respondió más, de manera que Pilato se maravillaba.
6 Ahora bien, de fiesta en fiesta este solía ponerles en libertad un preso, que ellos solicitaban. 7 Por entonces el llamado Barrabás estaba en cadenas con los sediciosos, que en su sedición habían cometido asesinato. 8 De modo que la muchedumbre se presentó y comenzó a hacer petición según lo que él solía hacer para ellos. 9 Pilato les respondió, y dijo: “¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?”. 10 Pues se daba cuenta de que por envidia lo habían entregado los sacerdotes principales. 11 Pero los sacerdotes principales excitaron a la muchedumbre para que les pusiera en libertad a Barrabás, más bien. 12 Respondiendo de nuevo, Pilato les decía: “Entonces, ¿qué haré con el que ustedes llaman rey de los judíos?”. 13 Otra vez clamaron: “¡Al madero con él!”. 14 Pero Pilato les decía: “Pues, ¿qué mal ha hecho?”. Pero ellos clamaron más y más: “¡Al madero con él!”. 15 Con eso, Pilato, deseando satisfacer a la muchedumbre, les puso en libertad a Barrabás, y, habiendo hecho que le dieran latigazos a Jesús, lo entregó para que fuera fijado en un madero.
16 Entonces los soldados lo llevaron dentro del patio, es decir, al palacio del gobernador; y convocaron al entero cuerpo de soldados, 17 y lo ataviaron de púrpura, y entretejieron una corona de espinas y se la pusieron. 18 Y comenzaron a saludarlo: “¡Buenos días, rey de los judíos!”. 19 También, le daban en la cabeza con una caña y le escupían y, doblando las rodillas, le rendían homenaje. 20 Por fin, cuando se hubieron burlado de él, lo despojaron de la púrpura y le pusieron sus prendas de vestir exteriores. Y lo condujeron fuera para fijarlo en el madero. 21 También, obligaron a rendir servicio a uno que iba pasando, a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, para que levantara su madero de tormento.
22 De modo que lo llevaron al lugar de Gólgota, que, traducido, significa Lugar del Cráneo. 23 Aquí trataron de darle vino drogado con mirra, pero él rehusó tomarlo. 24 Y lo fijaron en el madero y repartieron sus prendas de vestir exteriores echando suertes sobre ellas para decidir quién se llevaba qué. 25 Era ya la hora tercera, y lo fijaron en el madero. 26 Y la inscripción del cargo contra él estaba escrita encima: “El rey de los judíos”. 27 Además, con él fijaron en maderos a dos salteadores, uno a su derecha y uno a su izquierda. 28 —— 29 Y los que pasaban le hablaban injuriosamente, meneando la cabeza y diciendo: “¡Bah! Tú, supuesto derribador del templo y edificador de él en tres días, 30 sálvate bajando del madero de tormento”. 31 Del mismo modo también los sacerdotes principales se burlaban entre sí junto con los escribas y decían: “A otros salvó; ¡a sí mismo no se puede salvar! 32 Baje ahora el Cristo el rey de Israel del madero de tormento, para que veamos y creamos”. Hasta los que estaban fijados en maderos junto con él lo vituperaban.
33 Cuando llegó a ser la hora sexta, una oscuridad cayó sobre toda la tierra hasta la hora nona. 34 Y a la hora nona Jesús clamó con voz fuerte: “É·li, É·li, ¿lá·ma sa·baj·thá·ni?”, que, traducido, significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. 35 Y algunos de los que estaban de pie cerca, al oírlo, empezaron a decir: “¡Miren! Llama a Elías”. 36 Pero uno corrió, empapó una esponja en vino agrio, y, poniéndola en una caña, le daba de beber, diciendo: “¡Déjen[lo]! Veamos si Elías viene a bajarlo”. 37 Pero Jesús dio un grito fuerte, y expiró. 38 Y la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Ahora bien, cuando el oficial del ejército que estaba de pie allí donde lo tenía a la vista vio que había expirado en estas circunstancias, dijo: “Ciertamente este hombre era Hijo de Dios”.
40 Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas María Magdalena, así como también María la madre de Santiago el Menos y de Josés, y Salomé, 41 las cuales acostumbraban acompañarlo y ministrarle cuando estaba en Galilea, y muchas otras que habían subido junto con él a Jerusalén.
42 Entonces, como ya era una hora avanzada de la tarde, y puesto que era Preparación, es decir, la víspera del sábado, 43 vino José de Arimatea, miembro estimable del Consejo, que también esperaba, él mismo, el reino de Dios. Cobrando ánimo, entró ante la presencia de Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pero Pilato deseaba saber si ya estaba muerto, y, mandando llamar al oficial del ejército, le preguntó si ya había muerto. 45 Entonces, una vez que se aseguró de ello por el oficial del ejército, concedió el cadáver a José. 46 Este, en efecto, compró lino fino, y lo bajó, lo envolvió en el lino fino y lo puso en una tumba que estaba labrada en una masa rocosa; e hizo rodar una piedra hasta la puerta de la tumba conmemorativa. 47 Pero María Magdalena y María la madre de Josés se quedaron mirando dónde había sido puesto.

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