Mateo 21, Libro 40

Pues bien, cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagué en el monte de los Olivos, entonces Jesús envió a dos discípulos, 2 diciéndoles: “Pónganse en camino a la aldea que está a su vista, y en seguida hallarán un asna atada, y un pollino con ella; desátenlos y tráiganmelos. 3 Y si alguien les dice algo, tienen que decir: ‘El Señor los necesita’. Con eso él los enviará inmediatamente”.
4 Esto verdaderamente se efectuó para que se cumpliera lo que se había hablado mediante el profeta, que dijo: 5 “Digan a la hija de Sión: ‘¡Mira! Tu Rey viene a ti, de genio apacible, y montado sobre un asno, sí, sobre un pollino, prole de una bestia de carga’”.
6 De modo que los discípulos se pusieron en camino e hicieron exactamente como les había ordenado Jesús. 7 Y trajeron el asna y su pollino, y pusieron sobre estos las prendas de vestir exteriores de ellos, y él se sentó sobre estas. 8 La mayor parte de la muchedumbre tendió sus prendas de vestir exteriores en el camino, mientras otros se pusieron a cortar ramas de los árboles y a tenderlas por el camino. 9 En cuanto a las muchedumbres, los que iban delante de él y los que seguían, clamaban: “¡Salva, rogamos, al Hijo de David! ¡Bendito es el que viene en el nombre de Jehová! ¡Sálvalo, rogamos, en las alturas!”.
10 Entonces, cuando él entró en Jerusalén, toda la ciudad se puso en conmoción, y decían: “¿Quién es este?”. 11 Las muchedumbres seguían diciendo: “¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!”.
12 Y Jesús entró en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y los bancos de los que vendían palomas. 13 Y les dijo: “Está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración’, pero ustedes la hacen cueva de salteadores”. 14 También, se acercaron a él ciegos y cojos en el templo, y los curó.
15 Cuando los sacerdotes principales y los escribas vieron las cosas maravillosas que hizo, y a los muchachos que estaban clamando en el templo y diciendo: “¡Salva, rogamos, al Hijo de David!”, se indignaron, 16 y le dijeron: “¿Oyes lo que estos están diciendo?”. Jesús les dijo: “Sí. ¿Nunca leyeron esto: ‘De la boca de los pequeñuelos y de los lactantes has proporcionado alabanza’?”. 17 Y dejándolos atrás, salió fuera de la ciudad a Betania, y allí pasó la noche.
18 Cuando volvía a la ciudad muy de mañana, le dio hambre. 19 Y alcanzó a ver una higuera junto al camino, y fue a ella, pero no halló nada en ella sino hojas solamente, y le dijo: “Nunca más venga fruto de ti para siempre”. Y la higuera se marchitó al instante. 20 Pero cuando los discípulos vieron esto, quedaron admirados, y dijeron: “¿Cómo sucedió que se marchitara al instante la higuera?”. 21 En respuesta, Jesús les dijo: “En verdad les digo: Si solo tienen fe y no dudan, no solo harán lo que yo hice a la higuera, sino que también si dijeran a esta montaña: ‘Sé alzada y arrojada al mar’, sucederá. 22 Y todas las cosas que pidan en oración, teniendo fe, las recibirán”.
23 Entonces, después que entró en el templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se le acercaron mientras estaba enseñando, y dijeron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad?”. 24 En respuesta, Jesús les dijo: “Yo, también, les preguntaré una cosa. Si me la dicen, yo también les diré con qué autoridad hago estas cosas: 25 El bautismo por Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?”. Pero ellos empezaron a razonar entre sí, diciendo: “Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’. 26 Sin embargo, si decimos: ‘De los hombres’, tenemos la muchedumbre a quien temer, porque todos tienen a Juan por profeta”. 27 De modo que, en respuesta a Jesús, dijeron: “No sabemos”. Él, a su vez, les dijo: “Tampoco les digo yo con qué autoridad hago estas cosas.
28 ”¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Dirigiéndose al primero, dijo: ‘Hijo, ve, trabaja hoy en la viña’. 29 En respuesta, este dijo: ‘Iré, señor’, pero no fue. 30 Acercándose al segundo, dijo lo mismo. En respuesta, este dijo: ‘No quiero’. Después le pesó, y fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de [su] padre?”. Ellos dijeron: “El segundo”. Jesús les dijo: “En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras van delante de ustedes al reino de Dios. 32 Porque Juan vino a ustedes en camino de justicia, pero ustedes no le creyeron. No obstante, los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron, y a ustedes, aunque vieron [esto], no les pesó después, de modo que le creyeran.
33 ”Oigan otra ilustración: Había un hombre, un amo de casa, que plantó una viña y la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar y erigió una torre, y la arrendó a cultivadores, y viajó al extranjero. 34 Cuando llegó la época de los frutos, despachó sus esclavos a los cultivadores para conseguir sus frutos. 35 Sin embargo, los cultivadores tomaron a sus esclavos, y a uno lo golpearon severamente, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon. 36 De nuevo despachó otros esclavos, más que los primeros, pero a estos les hicieron lo mismo. 37 Por último despachó su hijo a ellos, diciendo: ‘Respetarán a mi hijo’. 38 Al ver al hijo, los cultivadores dijeron entre sí: ‘Este es el heredero; ¡vengan, matémoslo y consigamos su herencia!’. 39 De modo que lo tomaron y lo echaron fuera de la viña y lo mataron. 40 Por lo tanto, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué les hará a aquellos cultivadores?”. 41 Le dijeron: “Por ser malos, traerá sobre ellos una destrucción mala, y arrendará su viña a otros cultivadores, que le darán los frutos a su tiempo”.
42 Jesús les dijo: “¿Nunca han leído en las Escrituras: ‘La piedra que los edificadores rechazaron es la que ha llegado a ser la principal piedra angular. De parte de Jehová ha venido a ser esto, y es maravilloso a nuestros ojos’? 43 Por eso les digo: El reino de Dios les será quitado a ustedes y será dado a una nación que produzca sus frutos. 44 También, el que caiga sobre esta piedra será hecho añicos. En cuanto a cualquiera sobre quien ella caiga, lo pulverizará”.
45 Pues bien, cuando los sacerdotes principales y los fariseos hubieron oído sus ilustraciones, se dieron cuenta de que hablaba de ellos. 46 Pero, aunque procuraban prenderlo, temían a las muchedumbres, porque estas lo tenían por profeta.

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