Mateo 09, Libro 40

Por lo tanto, subiendo a la barca, prosiguió a cruzar, y entró en su propia ciudad. 2 Y, ¡mire!, le traían un paralítico acostado en una cama. Al ver la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: “Cobra ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”. 3 Y, ¡mire!, algunos de los escribas dijeron dentro de sí: “Este blasfema”. 4 Y Jesús, conociendo los pensamientos de ellos, dijo: “¿Por qué piensan cosas inicuas en sus corazones? 5 Por ejemplo, ¿qué es más fácil?, ¿decir: Tus pecados te son perdonados?, ¿o decir: Levántate y anda? 6 Sin embargo, para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados… —dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu cama y vete a tu casa”. 7 Y él se levantó y se fue a su casa. 8 Al ver esto, las muchedumbres fueron sobrecogidas de temor, y glorificaron a Dios, que había dado tal autoridad a los hombres.
9 Luego, al ir pasando de allí, Jesús alcanzó a ver a un hombre, cuyo nombre era Mateo, sentado en la oficina de los impuestos, y le dijo: “Sé mi seguidor”. En seguida este se levantó y le siguió. 10 Más tarde, estando él en la casa reclinado a la mesa, ¡mire!, muchos recaudadores de impuestos y pecadores vinieron y empezaron a reclinarse con Jesús y sus discípulos. 11 Pero al ver esto, los fariseos se pusieron a decir a sus discípulos: “¿Por qué come su maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?”. 12 Como [los] oyó, él dijo: “Las personas en salud no necesitan médico, pero los enfermizos sí. 13 Vayan, pues, y aprendan lo que esto significa: ‘Quiero misericordia, y no sacrificio’. Porque no vine a llamar a justos, sino a pecadores”.
14 Entonces los discípulos de Juan vinieron a él y preguntaron: “¿Por qué practicamos el ayuno nosotros y los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?”. 15 En seguida Jesús les dijo: “Los amigos del novio no tienen motivo para lamentarse mientras el novio está con ellos, ¿verdad? Pero vendrán días en que el novio les será quitado, y entonces ayunarán. 16 Nadie cose un remiendo de paño no encogido en una prenda de vestir exterior vieja; porque su plena fuerza tiraría de la prenda de vestir exterior, y el desgarrón se haría peor. 17 Tampoco ponen vino nuevo en odres viejos; pero si acaso lo ponen, entonces los odres se revientan y el vino se derrama y los odres se echan a perder. Más bien, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y ambas cosas se conservan”.
18 Mientras les decía estas cosas, ¡mire!, cierto gobernante que se había acercado se puso a rendirle homenaje, y a decir: “Ya debe estar muerta mi hija; pero ven y pon tu mano sobre ella, y llegará a vivir”.
19 Entonces Jesús, levantándose, empezó a seguirle; también lo hicieron sus discípulos. 20 Y, ¡mire!, una mujer que llevaba doce años padeciendo de flujo de sangre vino por detrás y tocó el fleco de la prenda de vestir exterior de él; 21 porque decía para sí: “Si solo toco su prenda de vestir exterior, recobraré la salud”. 22 Jesús se volvió y, al observarla, dijo: “Ten ánimo, hija; tu fe te ha devuelto la salud”. Y desde aquella hora la mujer recobró la salud.
23 Ahora bien, cuando entró en la casa del gobernante y vio a los flautistas y a la muchedumbre en ruidosa confusión, 24 Jesús se puso a decir: “Salgan de aquí, porque la muchachita no ha muerto, sino que duerme”. Ante eso, empezaron a reírse de él desdeñosamente. 25 Tan pronto como la muchedumbre fue enviada fuera, él entró y tomó la mano de ella, y la muchachita se levantó. 26 Por supuesto, la fama de esto se extendió por toda aquella región.
27 Al ir pasando Jesús de allí, dos ciegos le siguieron, clamando y diciendo: “Ten misericordia de nosotros, Hijo de David”. 28 Después que él hubo entrado en la casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les preguntó: “¿Tienen fe en que yo puedo hacer esto?”. Le contestaron: “Sí, Señor”. 29 Entonces les tocó los ojos, y dijo: “Según su fe, sucédales”. 30 Y sus ojos recibieron la vista. Además, Jesús les mandó rigurosamente, diciendo: “Miren que nadie llegue a saberlo”. 31 Pero ellos, después que salieron fuera, hicieron público esto acerca de él por toda aquella región.
32 Ahora bien, cuando ellos se iban, ¡mire!, la gente le trajo un hombre mudo poseído de un demonio; 33 y después que el demonio hubo sido expulsado, el mudo habló. Pues bien, las muchedumbres quedaron asombradas, y dijeron: “Nunca se ha visto cosa semejante en Israel”. 34 Pero los fariseos se pusieron a decir: “Por el gobernante de los demonios expulsa los demonios”.
35 Y Jesús emprendió un recorrido de todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas y predicando las buenas nuevas del reino y curando toda suerte de dolencia y toda suerte de mal. 36 Al ver las muchedumbres, se compadeció de ellas, porque estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: “Sí; la mies es mucha, pero los obreros son pocos. 38 Por lo tanto, rueguen al Amo de la mies que envíe obreros a su siega”.

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