ZACARIAS 11, LIBRO 38

“Abre tus puertas, oh Líbano, para que un fuego devore entre tus cedros. 2 ¡Aúlla, oh enebro, porque el cedro ha caído; porque los majestuosos mismos han sido despojados con violencia! ¡Aúllen, árboles macizos de Basán, porque el bosque impenetrable se ha venido abajo! 3 ¡Escucha! El aullido de pastores, porque su majestuosidad ha sido despojada violentamente. ¡Escucha! El rugido de leoncillos crinados, porque los orgullosos [matorrales] a lo largo del Jordán han sido despojados violentamente.
4 ”Esto es lo que ha dicho Jehová mi Dios: ‘Pastorea el rebaño [destinado] a la matanza, 5 cuyos compradores proceden a matar[las] aunque no se les tiene por culpables. Y los que las venden dicen: “Jehová sea bendito, mientras yo gane riquezas”. Y sus propios pastores no les muestran ninguna compasión a ellas’.
6 ”‘Porque no mostraré más compasión a los habitantes de la tierra —es la expresión de Jehová—. De modo que aquí voy a hacer que la humanidad se halle, cada uno en la mano de su compañero y en la mano de su rey; y ciertamente triturarán la tierra, y no libraré de su mano.’”
7 Y procedí a pastorear al rebaño [destinado] a la matanza, a favor de ustedes, oh afligidos del rebaño. Así que tomé para mí dos cayados. Al uno llamé Agradabilidad, y al otro llamé Unión, y me puse a pastorear el rebaño. 8 Y finalmente raí a tres pastores en un solo mes lunar, pues mi alma gradualmente se impacientó con ellos, y también su propia alma sintió asco para conmigo. 9 Al fin dije: “No seguiré pastoreándolas. La que está muriendo, que muera. Y la que está siendo raída, que sea raída. Y en cuanto a las que queden, que devoren, cada una la carne de su compañera”. 10 De modo que tomé mi cayado Agradabilidad y lo corté en pedazos, para romper mi pacto que yo había celebrado con todos los pueblos. 11 Y vino a quedar roto en aquel día, y los afligidos del rebaño que estaban vigilándome llegaron a saber así que era la palabra de Jehová.
12 Entonces les dije: “Si es bueno a sus ojos, den[me] mi salario, pero si no, absténganse”. Y procedieron a pagar mi salario, treinta piezas de plata.
13 Ante aquello, Jehová me dijo: “Tíralo al tesoro… el valor majestuoso con el cual he sido evaluado desde su punto de vista”. De consiguiente, tomé las treinta piezas de plata y tiré aquello en el tesoro en la casa de Jehová.
14 Entonces corté en pedazos mi segundo cayado, el Unión, para quebrar la hermandad entre Judá e Israel.
15 Y Jehová pasó a decirme: “Toma todavía para ti los aperos de un pastor inútil. 16 Porque, mira, voy a dejar que se levante en la tierra un pastor. A las [ovejas] a las cuales se rae no dará atención. A la joven no buscará, y a la [oveja] quebrada no sanará. A la que se estacione no suministrará [alimento], y la carne de la gorda comerá, y las pezuñas de las [ovejas] arrancará. 17 ¡Ay de mi pastor que nada vale, quien deja el rebaño! Una espada estará sobre su brazo y sobre su ojo derecho. Su propio brazo sin falta se secará, y su propio ojo derecho sin falta se oscurecerá”.

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